La experiencia de la tirolesa en Moconá se describe como completamente asistida, con instructores que se encargan del frenado y la vinculación de los participantes al cable. A pesar de la seguridad, la altura de 70 metros generó un notable nivel de tensión y nerviosismo en algunos de los aventureros.
Tras completar el recorrido, algunos expresaron alivio y sorpresa por la altura experimentada, mientras que otros ya se preparaban para la segunda tanda, destacando que el segundo tramo era más disfrutable visualmente pero menos intimidante.
La aventura incluyó también un puente colgante y la advertencia de que la peor parte sería el regreso caminando. La experiencia general, aunque aterradora para algunos, fue considerada un logro y una actividad memorable en la selva misionera.