En un bar de Palermo, la previa del partido entre Noruega e Inglaterra congregó a una animada multitud. Si bien muchos no eran noruegos de nacimiento, se identificaban como descendientes o simplemente simpatizantes que se sumaron al fervor, algunos incluso con vínculos con Alemania.
La camaradería era palpable, con cánticos que unían a todos los presentes. La elección de apoyar a Noruega sobre Inglaterra, para muchos, se basaba en la simpatía hacia la cultura y la cercanía, demostrando cómo el fútbol puede generar lazos inesperados.