Se narra el episodio bíblico del rey Joás y el profeta Eliseo, donde la cantidad de golpes que Joás dio al suelo con flechas determinó el alcance de la victoria que Dios le concedería contra sus enemigos.
Se interpreta que los pocos golpes de Joás limitaron la victoria, demostrando que somos nosotros quienes ponemos límites al poder de Dios y recibimos en proporción a nuestra fe y osadía.
Se exhorta a no ser escasos al pedir y a golpear repetidamente, ya que Dios desea darnos la victoria total, pero esta depende de nuestra fe y determinación.