Se explica que aunque Jesús dijo que podemos pedir cualquier cosa y la recibiremos, esta promesa está sujeta a la voluntad de Dios y a nuestra obediencia.
Se advierte contra la interpretación literal y peligrosa de sacar los textos fuera de contexto, aclarando que Dios no es un "genio de la botella" y que solo aquellos que hacen su voluntad y permanecen en el camino de la obediencia pueden reclamar estas promesas.
Se enfatiza que la respuesta de Dios puede ser un sí, un no, o un "todavía no", y que en su sabiduría Él sabe lo que es mejor para nuestro bienestar espiritual, respondiendo nuestras peticiones cuando nuestro objetivo es glorificarlo.