Se analizan las dificultades logísticas y los altos costos que implica seguir el Mundial a través de las tres sedes (México, Canadá y Estados Unidos). La dispersión geográfica y los precios de las entradas y pasajes han mermado la asistencia masiva de argentinos.
Se compara con Miami, un destino más turístico y accesible, y se sugiere que la organización del evento, si bien buscó contentar a tres países, complicó la posibilidad de que los aficionados sigan a la selección de principio a fin.