El clima deportivo se había tornado adverso, y el equipo de Egipto, en su mejor momento, se sintió superado y confiado en la victoria. Esto se sumó a una actitud sobradora y posiblemente vinculada a su religión.
Se menciona una jugada de gol anulada a Egipto por una infracción a Martínez, lo que pudo haber influido en su estado anímico. La actitud general del equipo egipcio no parecía beneficiar a sus propios jugadores.
Se destaca que esta situación, sumada a la presión del partido y la reacción argentina, contribuyó al resultado final. La convicción de victoria anticipada por parte de Egipto se vio frustrada por la remontada del equipo campeón del mundo.