Amalfi fue históricamente un blanco de ataques piratas debido a su gran riqueza comercial derivada de la navegación. Para protegerse, desarrolló una arquitectura defensiva con pasadizos laberínticos y túneles ocultos.
Estas características arquitectónicas no solo servían como sistema de defensa, sino que también contribuyen al encanto y misterio de la ciudad, atrayendo a visitantes interesados en su fascinante historia.