Tras ser invitada a la Iglesia Universal por su suegra, Jessica comenzó a participar en las reuniones y a escuchar la palabra de Dios. A pesar de la dificultad, decidió involucrarse más, orar y buscar el "sello del Espíritu Santo". Dios respondió a sus plegarias, trayéndole paz, alegría y una transformación total.
Jessica se siente ahora una nueva mujer, realizada y feliz, con una nueva perspectiva de vida y la certeza de tener un padre celestial. Atribuye este cambio a la fe en Dios y al Espíritu Santo, encontrando en ellos la solución para su vida.