Se revela un dato clave sobre la organización del Mundial: la FIFA implementó un sistema de preclasificación similar al del tenis, determinando los cruces de semifinales en base al ranking de las selecciones.
Esta metodología, decidida tras el sorteo inicial, buscó asegurar que los mejores equipos se encontraran en las etapas definitorias del torneo. Como resultado, Argentina y España, de haber clasificado como líderes de zona, solo podrían haberse enfrentado en la final.
Del mismo modo, Inglaterra y Francia, al ser las siguientes selecciones en el ranking, quedaron posicionadas para un posible cruce en semifinales. Esta organización de los cuadros garantiza un espectáculo deportivo de alto nivel, con los cuatro mejores equipos del mundo compitiendo por el título.