La falta de transporte y la pobreza en zonas rurales dificultan el acceso a la educación, obligando a muchos niños a viajar kilómetros en moto o a pie para asistir a clases.
En lugares como El Azul, la comunidad construyó una escuela desde cero, funcionando también como albergue para los estudiantes de lunes a viernes, ofreciendo cuatro comidas diarias y contención.
Los alumnos enfrentan desafíos como la conectividad limitada para clases virtuales y la necesidad de trabajar desde temprana edad, lo que retrasa su formación académica.
A pesar de las dificultades, los jóvenes expresan sueños de futuro, aspirando a ser profesionales y romper el ciclo de pobreza, impulsados por el esfuerzo de docentes y directivos que buscan brindarles oportunidades.