Se reitera la idea de Dios transfiriendo riquezas y haciendo justicia al Faraón, obligándolo a restituir lo robado a los hijos de Israel tras 400 años de opresión.
Se reconoce que a corto plazo puede parecer que la justicia divina no siempre se cumple, pero se afirma que a largo plazo, Dios juzgará a los pecadores y recompensará a los justos.
Se insta a la fidelidad a Dios, ya que esta obligará al "faraón" a restituir lo que ha sido robado, ya sea en bienes, familia o economía.