Tras la experiencia con los espíritus y la aparente recuperación de su hija, Damián dedicó cinco años a servirles, llegando a tatuarse el cuerpo entero. Sin embargo, esta devoción lo llevó a perder su casa, autos y a profundizar en vicios, dándose cuenta de que el camino no era el correcto.
Una invitación de su sobrina lo llevó de vuelta a la iglesia Universal, donde a través de la palabra "buscar el reino de Dios" (Mateo 6:33), comenzó un proceso de transformación. Se enfocó en el sacrificio, la lectura de la Biblia, el ayuno y la oración, y comprendió la importancia del perdón, tanto para quienes le habían hecho daño como para él mismo.
La culminación de este proceso fue la búsqueda del "sello del Espíritu Santo", que experimentó con profunda alegría y certeza. A partir de ese momento, su vida dio un giro radical, encontrando estabilidad económica, unión familiar y una profunda paz interior.