La tensión y la adrenalina aumentan a medida que se acerca el partido entre Argentina y Suiza, contagiando tanto a los jugadores como al equipo de prensa y al público.
Se describe el ambiente de nerviosismo generalizado, con la esperanza de que el partido se defina en los 90 minutos reglamentarios para evitar el desgaste de un alargue o penales.
La expectativa es alta, y se comparte la emoción y la ansiedad que caracterizan a los momentos previos a un encuentro decisivo en el Mundial.