El fantasma de las armas biológicas vuelve a inquietar al mundo en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas y campañas de desinformación. A pesar de estar prohibidas por el derecho internacional, la falta de un sistema robusto de inspección genera preocupación.
Informes de inteligencia señalan a Corea del Norte, Rusia, China e Irán como países con sospechas de mantener capacidades ofensivas o programas de investigación de doble uso. La dualidad entre la investigación médica y el desarrollo de agentes biológicos militares dificulta la vigilancia internacional.
La revolución biotecnológica y la accesibilidad de herramientas de laboratorio aumentan el riesgo de que actores no estatales desarrollen capacidades biológicas. La pandemia de COVID-19 demostró el potencial paralizante de un agente infeccioso a escala global, haciendo que un ataque biológico deliberado pueda tener un impacto devastador.