Argentina comenzó el partido contra Suiza con una estrategia de pelota parada, logrando un córner y posteriormente un gol de cabeza de Alexis Mac Allister. El equipo suizo, que no había estado en desventaja en todo el torneo, se encontró por primera vez con el marcador en contra.
A pesar de la presión de Suiza, Argentina se defendió bien, con Julián Álvarez destacando por su incansable esfuerzo y presión constante. El equipo argentino optó por una estrategia reactiva, cediendo la posesión a Suiza para aprovechar las pérdidas y los pases al espacio.
Dibu Martínez tuvo intervenciones clave, y la defensa argentina mostró solidez, especialmente Lisandro Martínez y el propio arquero. La jugada del gol de Mac Allister se originó en una pelota parada, un aspecto que Walter Samuel había preparado.
El primer tiempo concluyó con Argentina ganando 1-0, con un desempeño defensivo sólido y controlando el ritmo del partido a pesar de tener menos posesión. Se destacó la labor de Julián Álvarez en la presión y la recuperación de balones.