Existe una grave preocupación por la desaparición de niños tras el terremoto en Venezuela, y la posibilidad de redes de trata de personas. Iglesias católicas y organizaciones han creado espacios seguros para proteger a los menores vulnerables.
Se hace un llamado a la protección de los niños, quienes son las víctimas más pequeñas y expuestas ante la magnitud de la tragedia y la falta de identificación de muchos de ellos.