Se confirma que en Wimbledon se puede comer y beber, considerándose parte del negocio del evento. Los espectadores pueden llevar sus propias botellas, incluso de champagne.
Sin embargo, se les pide discreción al descorchar las botellas para no distraer a los jugadores, especialmente durante el saque. Se compara la necesidad de silencio en momentos clave del tenis con la tensión de patear un penal en el fútbol.