Ucrania intensifica sus ataques contra la infraestructura energética de Rusia, provocando incendios en depósitos de combustible y una terminal petroquímica en la región de Krosnodar. Las autoridades rusas atribuyen los daños a la caída de restos de drones interceptados, asegurando que no hubo víctimas.
Estos ataques ponen en evidencia la vulnerabilidad de las instalaciones estratégicas rusas y su dependencia del suministro energético. Ucrania parece haber encontrado un punto débil en la industria petrolera rusa, obligando a Rusia incluso a importar petróleo.
Por otro lado, un ataque ruso en Zaporizhia dejó tres muertos y heridos, destruyendo una estación de servicio. Las autoridades impuestas por Rusia en la región declararon estado de emergencia.