La raza Shorthorn, una de las fundadoras a nivel mundial en la ganadería, llegó a Argentina en 1823. Su historia está ligada a la importación de toros como "Tarquino" y al mestizaje con el ganado criollo, sentando las bases para la industria frigorífica y la exportación de carne de calidad a Europa.
Esta raza se destaca por su gen de marmoleo y terneza, características que aportan jugosidad y palatabilidad a la carne, cualidades muy demandadas en el mercado internacional actual. A pesar de haber perdido terreno en Argentina, la raza Shorthorn está experimentando un resurgimiento gracias a su adaptabilidad y las cualidades genéticas que benefician al productor.
Actualmente, existen unas 60 cabañas activas, principalmente en la Pampa Húmeda, que trabajan en el mejoramiento genético de la raza. El INTA ha jugado un rol fundamental en la investigación y desarrollo de la raza, así como en otras como Angus y ovinos, contribuyendo a la conservación de la variabilidad genética y la mejora de la producción ganadera en Argentina.