Se destaca la importancia de la oración perseverante y la dedicación de los líderes y miembros de la iglesia para el crecimiento espiritual y ministerial. Se hace referencia al crecimiento explosivo de la iglesia primitiva, atribuido a su destreza en el uso de las "armas todopoderosas del Señor", siendo la oración la principal.
Se cuestiona la ausencia de equipos de trabajo, células y ministerios activos, instando a quienes desean servir a Dios a ser efectivos y productivos. Se enfatiza que la perseverancia en la oración, como la de Moisés, Ur y Aarón en la batalla contra los amalecitas, es el secreto de la victoria.
Se advierte que la pereza en la oración conduce a pocas esperanzas de bendición, y se anima a no dejar de "golpear las puertas del cielo" para la gloria del Señor y la expansión de Su reino.