Se enfatiza la importancia de la perseverancia en la oración, citando la parábola de la viuda inoportuna que, a través de su insistencia, logró que un juez injusto le hiciera justicia. Se argumenta que si las súplicas constantes pudieron ablandar a un juez sin compasión, cuánto más nuestro Dios misericordioso responderá a quienes no dejan de insistir.
Se compara la oración perseverante con la lucha de Jacob con Dios hasta el amanecer, lo que resultó en una bendición. Se menciona a Nehemías, quien obtuvo el favor del rey por prevalecer en oración día y noche.
Se advierte que la falta de perseverancia y la minimización del poder de la oración son razones por las cuales muchos no reciben lo que piden, y se anima a ser constantes en las peticiones para la gloria de Dios.