Se enfatiza que la oración debe ser atrevida y audaz, ya que las oraciones pequeñas y la incredulidad limitan el poder de Dios. Se argumenta que un Dios todopoderoso que desea bendecir es limitado por la falta de fe de sus seguidores.
Se cita la enseñanza de Jesús en la parábola de Lucas 11, donde se insta a ser osados, atrevidos e intrépidos en la oración. Se relata la historia del hombre que golpeó las puertas de su amigo a medianoche, obteniendo lo que necesitaba por su insistencia y audacia.
Se concluye que una fe atrevida abre los cielos y agrada a Dios, mientras que la incredulidad limita Su deseo de bendecir y prosperar Su obra.