La provincia de Jazaka, en el noreste de Siria, enfrenta una grave crisis de agua potable debido al aumento de temperaturas y la escasez de suministros.
Las familias tienen dificultades para acceder a agua limpia, viajando largas distancias para obtener pequeñas cantidades. La escasez se agrava por las interrupciones en la estación de bombeo de Alok, principal fuente de agua, dañada durante la guerra civil.
La crisis se intensificó por una huelga masiva de operadores de camiones cisterna, quienes alegan desabastecimiento y disputas por combustible.