Se cuestiona la validez del modelo económico suizo aplicado a Argentina, señalando que Suiza tiene una población mucho menor y una economía basada en servicios y finanzas, no solo en producción local.
Se argumenta que la afirmación de que Suiza vive de chocolates y cortaplumas es una simplificación errónea; la verdadera fuente de su riqueza son los capitales extranjeros y la corrupción global que allí se lava.
Se critica la idea de que Argentina solo podría producir y consumir dulce de leche si se basara en un modelo similar al suizo, resaltando la ignorancia del exponente sobre ambas economías.
Se concluye que la comparación es inválida y que el discurso carece de fundamento económico real.