El mensaje continúa enfocándose en cómo glorificar a Dios, esta vez a través del crecimiento en la fe y la práctica de obras de justicia. Se utiliza el ejemplo de Abraham, cuya fe fortalecida le dio gloria a Dios, siendo llamado amigo del Señor.
Se enfatiza que las maravillas de Dios en y a través de nosotros deben atraer la atención de las personas hacia Él. Al honrar a Dios en nuestro cuerpo, mente y acciones, se atrae la bendición divina y se genera un deseo en otros por conocer al Dios que nos bendice.
Además, se resalta la importancia de la gratitud diaria a Dios por el aliento de vida, la fuerza y la razón para trabajar. Toda la gloria debe ser para Jesucristo, quien nos da la fortaleza. Se menciona también la obediencia como forma de glorificar a Dios, destacando que el testimonio silencioso de una vida santa tiene un valor incalculable.