Se enfatiza la importancia de la oración audaz y de gran magnitud, comparándola con ejemplos bíblicos como los de Pedro, Elías y Josué, quienes pidieron cosas acordes a la grandeza de Dios.
Se critica la tendencia a realizar oraciones superficiales o de "utilería" y se motiva a pedir "cosas dignas del Dios que estamos sirviendo".
Se subraya que Dios responde a oraciones que buscan su gloria y que la fe, no la necesidad o la lástima, es lo que mueve a Dios a actuar.