Poblaciones enteras de animales inician cada año viajes de miles de kilómetros a través de océanos y continentes, llegando a sus destinos en el momento justo. Una misteriosa conexión los impulsa a regresar a las costas del Atlántico Sur.
En invierno, la primera ballena franca austral arriba a la Península Valdés, proveniente de mares australes. Son generalmente hembras las que encabezan estas migraciones, seguidas por grupos familiares. Pronto, decenas de familias conforman la población más grande del mundo de ballena franca austral en esta zona, con más de 2.000 ejemplares registrados.
Esta población, conocida globalmente como la de Península Valdés, utiliza estas aguas como principal área de reproducción. Las ballenas escapan del frío antártico y subantártico, donde se alimentaron durante el verano y otoño, buscando las cálidas y tranquilas aguas de la península.
Los animales permanecen en la zona durante el invierno y parte de la primavera, para luego migrar hacia el sur de Brasil. Este circuito reproductivo en Valdés se complementa con las áreas de alimentación entre el sur de Brasil y la convergencia subantártica, completando un ciclo anual.