Se compara el crecimiento espiritual con el de los cedros del Líbano, que se aferran a las rocas para encontrar su base y crecer. Se exhorta a la audiencia a "abrazar la promesa" de Dios como su roca para poder crecer.
Se menciona la "hermosura del Carmelo y de Sarón" y se anima a los creyentes a ver la gloria de Jehová, citando a Jesús en San Juan 17-22: "Yo les di tu gloria, la misma gloria que tú me diste".