Los sectores populares destinan casi la totalidad de sus ingresos al pago de alimentos, sin posibilidad de ahorro. La clase media también se ve imposibilizada de ahorrar, lo que limita sus posibilidades de esparcimiento como vacaciones o salidas culturales.
La mayoría de la población ha dejado de comprar ropa y calzado nuevo, optando por reparar o reutilizar prendas antiguas. Este fenómeno, sumado a la dificultad para acceder a nuevos productos, afecta principalmente las compras de los sectores más vulnerables y evidencia una realidad preocupante más allá de los datos oficiales de consumo.