Putin aseguró que el sistema energético ruso mantiene una gran solidez a pesar de los ataques ucranianos, buscando calmar la tensión social interna.
Sin embargo, Rusia prohibió las exportaciones de diésel y comenzará a importar combustible para paliar problemas de suministro, evidenciando una crisis energética.
Estas medidas buscan proteger el mercado interno, contener el impacto económico y social de la escasez, y asegurar el abastecimiento para el consumo doméstico y las operaciones militares.
La política energética se convierte en una señal de fortaleza y confianza social en tiempos de guerra, siendo los hogares los más afectados por la falta de suministro.