Se plantea la contradicción entre la necesidad de acuerdos de Estado para el funcionamiento del país y la conveniencia electoral de mantener la polarización. El kirchnerismo, al impedir la formación de coaliciones opositoras amplias, favorece al gobierno actual, que se beneficia de una grieta profunda.
La falta de una oposición articulada permite al gobierno mantener una base de votos sólida, ya que los desafectos con Milei no tienen otras opciones claras. Esta lógica de polarización, si bien conveniente electoralmente, dificulta la construcción de consensos para políticas de Estado a largo plazo.