Al ver la luz del día tras ser rescatado del terremoto en Venezuela, Francisco miró al cielo y agradeció a Dios por estar vivo, a pesar de las graves lesiones en su pierna y mano.
Preguntó por la magnitud de la catástrofe y se enteró que más del 50% del estado estaba destruido, lo que lo llevó a reflexionar sobre la fragilidad de la vida.
La experiencia lo marcó profundamente, cambiando su perspectiva por completo.