Lionel Messi reflexiona sobre el "don" que Dios le otorgó para jugar al fútbol, reconociendo que sin esa ayuda divina no habría llegado a ningún lado. Sin embargo, enfatiza que este don requirió de un gran esfuerzo, dedicación y sacrificio para poder superarse y triunfar.
Messi destaca que, si bien Dios lo eligió y le regaló su talento, él se dedicó a hacer todo lo posible para potenciarlo. Esta combinación de don divino y esfuerzo personal es lo que, según él, le permitió alcanzar sus logros.