El programa abordó la problemática de los limpiavidrios en semáforos, presentando la reflexión de un joven llamado Lía, quien trabaja en Florencio Varela y expone la violencia y el maltrato asociados a esta actividad. Lía denuncia que el 90% de los jóvenes que limpian vidrios en la calle actúan con mala educación y agresividad, llegando a manchar deliberadamente los parabrisas si no reciben dinero.
El joven explica que la actitud de los limpiavidrios se debe a la recompensa económica: reciben alrededor de $2000 pesos por ser maleducados, mientras que si son educados, apenas obtienen $150. Lía argumenta que esta dinámica incentiva el mal comportamiento, ya que una limpieza de 10 autos maleducados puede generar $20.000 pesos en poco tiempo. Insta a los conductores a no dar dinero a quienes actúan con agresividad.
La discusión se amplió con las opiniones de los panelistas. Algunos, como Carlos Salerno, cuestionan la generalización, señalando que muchos jóvenes limpian vidrios por necesidad y falta de oportunidades, y que a menudo son enviados por sus familias a trabajar. Se planteó la falta de empleo digno y la marginalidad como trasfondo de esta situación.
Otros panelistas, como Mariano, expresaron su negativa a dar dinero si saben que será utilizado para drogas, mientras que otros defendieron la empatía y la ayuda individual, independientemente del uso que se le dé al dinero. Se debatió sobre la responsabilidad del Estado en la creación de políticas públicas y la importancia de la conexión humana a través de una mirada o una pregunta, aunque se reconoció que las malas experiencias previas generan desconfianza en los conductores.