Roberto acude a Leiva Joyas para tasar dos relojes: uno de oro de su mujer y otro que le regalaron por su graduación, el cual ha sufrido un intento de robo.
A pesar de no tener los papeles de los relojes debido a una mudanza, se llega a un acuerdo para la venta. Se tasan el reloj de dama de oro con bisel azul y el reloj Rolex de caballero, priorizando la funcionalidad de la máquina y el estado general de las piezas.