Jesús compara el crecimiento del Reino de Dios con el desarrollo de una semilla: primero hierba (niño espiritual), luego espiga (adolescente espiritual), y finalmente grano (creyente maduro). Cada etapa representa un nivel de progreso en la fe.
La hierba simboliza al principiante, la espiga al que está aprendiendo a confiar y obedecer, y el grano al creyente maduro con capacidad para asumir responsabilidades. La pregunta es en qué etapa se encuentra cada uno.