Escuchar música a diario tiene efectos positivos en el organismo, yendo más allá del entretenimiento. Investigaciones de Harvard indican que puede reducir el estrés, mejorar la salud cardiovascular y potenciar el funcionamiento cerebral.
La música puede influir en la frecuencia cardíaca, la presión arterial y las hormonas del estrés, sirviendo como herramienta terapéutica. Estudios de la Universidad de Bochum sugieren que la música clásica reduce significativamente la presión arterial y la frecuencia cardíaca, mientras que ABBA también disminuye los niveles de cortisol, la hormona del estrés.
La música activa múltiples áreas cerebrales relacionadas con la memoria, el lenguaje y las emociones, y se destaca su potencial terapéutico en personas con dificultades del habla post-enfermedades neurológicas, funcionando como complemento en tratamientos y rehabilitación.