La Iglesia Católica, a través del arzobispo García Cuerva, reiteró su llamado a la unidad política y la justicia social durante el Tedeum por el 9 de Julio.
El mensaje, si bien en línea con posturas históricas de la Iglesia, insistió en conceptos que pueden incomodar al gobierno actual, como la inversión en los desposeídos y la necesidad de diálogo. La homilía también destacó la importancia de la independencia de la indiferencia y la insensibilidad.
Por su parte, el presidente Javier Milei mantuvo una actitud distendida y sonriente, sin emitir gestos corporales que pudieran interpretarse como desacuerdo con el discurso episcopal, marcando una aparente nueva etapa en la comunicación gubernamental.