Rusia enfrenta una grave escasez de combustible que afecta a 50 millones de personas, incluyendo la capital, Moscú. Las largas filas en las estaciones de servicio se han vuelto habituales, un escenario similar al vivido en Venezuela y Bolivia.
Los ataques ucranianos a la principal refinería de petróleo rusa, ubicada a 2.300 km de Ucrania, han exacerbado la situación, generando un problema crítico para el gobierno de Vladimir Putin. Los ataques a la infraestructura energética del país se han extendido más allá de las ciudades fronterizas, alcanzando incluso la capital.