Se reflexiona sobre la gestión de las emociones y la presión en el contexto del fútbol, utilizando la figura del "faraón argentino" como metáfora de la entrega total en la selección. Se compara la situación con la de Egipto, mencionando las lágrimas de los egipcios.
Se ironiza sobre la necesidad de darlo todo en la selección, donde el que no rinde se convierte en "momia". Se hace una conexión con la imagen de un faraón y una momia, en relación con los partidos y el rendimiento de los jugadores.