Elina Fernández se encuentra en una compleja situación legal y personal buscando la anulación de su matrimonio religioso con Eduardo Constantini para poder casarse por iglesia con su actual pareja.
La protagonista argumenta que el proceso de anulación ante el Vaticano es difícil, especialmente con cinco hijos en común, pero su deseo de casarse por iglesia es firme.
Además de la disputa religiosa, existe un conflicto por el uso del apellido Constantini, ya que Elina construyó su carrera con él y se niega a que su exmarido o su actual pareja utilicen un apellido que considera parte de su identidad profesional y personal.