El agua llegando a los lomos marca un nivel donde Dios comienza a usar al creyente, manifestándose sanidad, salvación, liberación y respuesta divina. Es cuando el creyente se mete de lleno en el río de Dios y este le llega hasta los lomos.
En esta etapa, Dios empieza a confiar responsabilidades y a usar a la persona. Sin embargo, existe el peligro de detenerse aquí, creyendo que el reconocimiento es personal y no para Dios, lo que puede llevar a un estancamiento en el crecimiento espiritual.