En Cuba, las pequeñas y medianas empresas (PYMES) privadas están experimentando un auge, llenando estantes que el Estado no puede abastecer. Este fenómeno surge en medio de un contexto de presión de Estados Unidos y negociaciones bilaterales.
Desde la autorización de estos negocios privados en 2021, el paisaje urbano de La Habana se ha transformado. Más de la mitad del comercio minorista ahora opera en manos privadas, evidenciando una "revolución económica" dentro del sistema cubano.
Sin embargo, esta apertura económica también expone una profunda brecha social. Mientras las PYMES ofrecen productos que no se encuentran en las tiendas estatales, sus precios son inaccesibles para la mayoría de la población. Un litro de aceite, por ejemplo, cuesta el 60% de una jubilación promedio, generando una creciente disparidad entre quienes reciben remesas del exterior y quienes dependen del salario local.
El gobierno cubano ha anunciado 176 reformas para abrir más sectores a la iniciativa privada. Si bien algunos empresarios ven esto como una oportunidad histórica para expandir sus negocios, otros expresan escepticismo ante la implementación de estas medidas, recordando planes económicos anteriores que no se cumplieron.