Se criticó la tendencia de utilizar la selección argentina y figuras como Lionel Messi para obtener rédito político, especialmente por parte de sectores kirchneristas y figuras asociadas al "masismo". Se cuestiona el mensaje de unidad promovido por el arzobispo García Cuerva, sugiriendo que puede ser una estrategia para ocultar agendas partidarias.
El editorialista expresa su desacuerdo con la idea de unidad a cualquier precio, argumentando que no se puede buscar la concordia con quienes tienen intenciones de "robar" o perjudicar al país. Se compara la selección argentina con un país, señalando que mientras la primera es un grupo humano con un proyecto común, Argentina está dividida y no tiene un proyecto compartido.
Se cuestiona la actuación de la iglesia y figuras como García Cuerva, sugiriendo que forman parte de un dispositivo peronista y que han militado activamente en contra de Javier Milei. Se recuerda la tendencia de la iglesia a involucrarse en política y a utilizar la religión con fines partidarios, como lo hizo Cristina Kirchner en su defensa en la causa Vialidad.
Finalmente, se critica la falta de especificidad en los discursos sobre corrupción, instando a nombrar a los involucrados en lugar de hablar en términos generales. Se compara la figura del Papa Francisco con la de García Cuerva, señalando diferencias en su nivel intelectual y su forma de hacer política.