Se establece un paralelismo entre el plan económico de la dictadura y las políticas del actual gobierno de Javier Milei, argumentando que ambos buscan aniquilar al movimiento obrero como principal resistencia.
Se menciona que, a pesar del horror de la dictadura, el gobierno actual implementa un programa económico similar, identificando a la clase trabajadora como el principal enemigo.
Se cuestiona la actitud de algunas personas que piden autógrafos a funcionarios, sugiriendo que podrían ser empleados públicos que votaron a Milei y que ahora no muestran esa adhesión.