Se recomendó comer después de que finalice el partido en lugar de hacerlo antes, especialmente si este se juega por la noche. Se sugirió realizar una "previa" ligera con una entrada y dejar la comida principal para después del encuentro.
Esto se debe a que comer copiosamente antes de un partido puede afectar la digestión y la circulación sanguínea, especialmente en personas con problemas cardíacos, al desviar la sangre hacia el intestino para la digestión y reducir el flujo a las arterias coronarias.