Andrea llega a la joyería buscando un anillo similar a uno que usó a los 15 años y que le regaló su abuela. Lo había perdido en una fiesta.
Florencia, la vendedora, le muestra un anillo de oro de 18 kilates con una esmeralda central y pequeñas piedras que suman 20 puntos. Destaca que son piezas únicas fabricadas por ellos mismos.
Andrea queda encantada con el anillo y se le entrega junto con un certificado de garantía. Florencia le proporciona su número de contacto para futuras compras o consultas, ofreciendo la posibilidad de fabricar piezas idénticas si se llegaran a perder.