Se advierte sobre el peligro que representa un efectivo policial con problemas de salud mental, considerándolo un potencial perpetrador de "gatillo fácil" o un homicida en potencia debido a su incapacidad para medir las circunstancias.
Se enfatiza la necesidad de un seguimiento efectivo de los implicados en circunstancias médicas o psiquiátricas, señalando la ausencia de estos controles en la policía.