El 9 de julio de 1816 se encontraba en juego el sentido mismo de la Revolución de Mayo. Desde 1810, las Provincias Unidas se gobernaban a sí mismas, pero jurídicamente actuaban en nombre de Fernando VII, siendo rebeldes pero no aún una nación soberana.
Durante seis años, se sucedieron gestos elocuentes hacia la independencia: la creación de la bandera en 1812, la adopción de un himno patrio, la circulación de moneda propia y la formación de ejércitos. La sociedad avanzaba hacia la independencia formalmente antes de declararla.