Pepe Cibrián comparte su experiencia personal y su lucha por la adopción igualitaria. Revela que su mayor asignatura pendiente fue no poder tener hijos, habiendo intentado adoptar durante 15 años, especialmente buscando "tres, cuatro hermanitos" para evitar que fueran separados.
Logró que se aprobara en gran parte la ley igualitaria, motivada por su pasión y por el deseo de que todas las formas de querer y poder tener un hijo fueran respetadas. Expresa su convicción de que los niños adoptados por parejas del mismo sexo crecen "maravillosos y con amor", y critica duramente las declaraciones que estigmatizan a las familias homoparentales.